viernes, 2 de julio de 2010
HOTEL N.03
miércoles, 30 de junio de 2010
HOTEL N.02
Oviedo. Resulta que no habían hablado desde que murió su marido. Mientras inspeccionábamos el lienzo a la lupa sonó un teléfono y me pasó la linterna para sacar el IPhone de su bolsillo. Un momento cinéfilo y de verdad, pero no podía permitir que cayeran más lágrimas ácidas sobre la capa pictórica. Luego nos contó su conversación y su drama. Colgamos el cuadro al revés y al día siguiente lo pusimos del derecho. El caminante nº1, Gerardo Delgado.
viernes, 11 de junio de 2010
Buffalo Bill
Parece que dentro de unos días zarpo hacia Buffalo.Admito que no tengo ni idea de donde está Buffalo, ni he tenido el ocio de preocuparme por este detalle geográfico.
Un tren, una ducha, una nevera vacía, una enorme noche de pre-verano, unos mails y unos luckys: he buscado "buffalo" en google.
Primeros resultados: "welcome to buffalo grill" y "buffalo technologies" cuando yo pensaba en Cody, en Calamity Jane, en los bizontes y Cummings! Sigo clicando y descubro que hay una ciudad llamada Buffalo en Wisconsin, una en Nueva York y otra en Texas... Dejo de clicar.
Resultado final: iré a Buffalo con la intención de dormir (mucho) en un avión sin decidir (ni importarme) donde aterrizaré.
Un tren, una ducha, una nevera vacía, una enorme noche de pre-verano, unos mails y unos luckys: he buscado "buffalo" en google.
Primeros resultados: "welcome to buffalo grill" y "buffalo technologies" cuando yo pensaba en Cody, en Calamity Jane, en los bizontes y Cummings!
Resultado final: iré a Buffalo con la intención de dormir (mucho) en un avión sin decidir (ni importarme) donde aterrizaré.
Billy The Kid, si estás ahí: “My vocabulary did this to me” y devuélveme mi ejemplar del Jack Spicer!
Eso sí, prometo fotos del hotel.
Buffalo Bill's
defunct
_____who used to
_____ride a watersmooth-silver______________________ stallion
and break onetwothreefourfive pigeonsjustlikethat__________________________________ Jesus
he was a handsome man
_________________ and what i want to know is
how do you like your blueeyed boy
Mister Death
E.E. Cummings
miércoles, 3 de marzo de 2010
HOTEL N.01
Recuerdo que la chonumberone me explicó una vez el tinglado que se organiza cuando viaja. Por supuesto con su company, alias el hombre invisible.
Primero se compra un billete muy barato por internet, con meses de antelación, pues en diciembre ya se monta el parchís festivo de todo el año siguiente. Y le sale muy barato porque no factura equipaje. A la ida estruja sus enseres más mugrientos en una maletilla de mano. Se lleva sus bragas más desgastadas y calcetines de media (color carne of course) agujereados. Hacer esta maleta le lleva mucho tiempo, toda una vida de cho en realidad. Al llegar a su hotelito – os ahorro la descripción de los hoteles que se curra, porque en este punto se aventura en temas estéticos, económicos y lacanianos, mezclando la idea de charm y el deseo desafortunado y lascivo de follar con el hombre invisible en estos lugares que ni en mis peores pesadillas. En fin. Luego me explica con detalle como cada día que pasa en el hotel, va dejando la ropa que se ha puesto uno o dos días, sucia y dobladita encima de la basurita del lavabo. Dobla las bragas sucias, la camiseta y sus calcetines (mientras me cuenta hace los gestos muy pulidos de doblaje) y los abandona ahí encima, sin atreverse a decir que los tira definitivamente a la basura, por si alguna mujer de la limpieza quisiera lavarlas o no y quedárselas. Pero eso le da un poco de asco y dice que no sabe si acaban tirando su mierda o si se la olisquean, no obstante insiste en este suspense que le excita en realidad. Total que vuelve sin maletas a su puto pueblo tan ancha, creyendo haber dejado en un hotel algo de su ligera libido para volver a su rutina de cho.
Pues eso, repasando apuntes desde el más allá.
No deja de llover y estoy en pijama a las tres de la tarde, escuchando la programación especial de huelga en radio3 en la cama. La verdad es que odio viajar y la pesada idea de la vacación, así que ésta es solo una historia desagradable que me permite lanzar una deprimente sección de hoteles en este blob. Quien quiera puede contribuir a este intento, por una antropología de la estética hotelera? Venga.
Primero se compra un billete muy barato por internet, con meses de antelación, pues en diciembre ya se monta el parchís festivo de todo el año siguiente. Y le sale muy barato porque no factura equipaje. A la ida estruja sus enseres más mugrientos en una maletilla de mano. Se lleva sus bragas más desgastadas y calcetines de media (color carne of course) agujereados. Hacer esta maleta le lleva mucho tiempo, toda una vida de cho en realidad. Al llegar a su hotelito – os ahorro la descripción de los hoteles que se curra, porque en este punto se aventura en temas estéticos, económicos y lacanianos, mezclando la idea de charm y el deseo desafortunado y lascivo de follar con el hombre invisible en estos lugares que ni en mis peores pesadillas. En fin. Luego me explica con detalle como cada día que pasa en el hotel, va dejando la ropa que se ha puesto uno o dos días, sucia y dobladita encima de la basurita del lavabo. Dobla las bragas sucias, la camiseta y sus calcetines (mientras me cuenta hace los gestos muy pulidos de doblaje) y los abandona ahí encima, sin atreverse a decir que los tira definitivamente a la basura, por si alguna mujer de la limpieza quisiera lavarlas o no y quedárselas. Pero eso le da un poco de asco y dice que no sabe si acaban tirando su mierda o si se la olisquean, no obstante insiste en este suspense que le excita en realidad. Total que vuelve sin maletas a su puto pueblo tan ancha, creyendo haber dejado en un hotel algo de su ligera libido para volver a su rutina de cho.
Pues eso, repasando apuntes desde el más allá.
No deja de llover y estoy en pijama a las tres de la tarde, escuchando la programación especial de huelga en radio3 en la cama. La verdad es que odio viajar y la pesada idea de la vacación, así que ésta es solo una historia desagradable que me permite lanzar una deprimente sección de hoteles en este blob. Quien quiera puede contribuir a este intento, por una antropología de la estética hotelera? Venga.
martes, 2 de marzo de 2010
I’ve been to Lisbon and back
Las llegadas a Lisboa siempre han sido muy violentas. Los aviones aterrizan casi encima de la ciudad que desprende turbulencias y hace temblar todo sin que las azafatas de la TAP se inmuten, sin que dejen de reír con el piloto a través de la compuerta de la cabina abierta, afilador de uñas en mano como único equipo de salvamento.
Mis amigos enterados y escritores siempre hablan de lo bonito que es Lisboa, sus cafés y sus callejuelas, su tranvía y su Pessoa. Pero nunca he visto todo este mundo tan parado, inspirado y melancólico que describen. Tampoco lo he buscado, pues siempre he viajado a esta ciudad por circunstancias sin pensar en lo que me iba a encontrar más allá de mi agenda. Ni siquiera he leído a Pessoa.
Una noche llegué a Lisboa, donde me esperaba mi entonces pareja de viajes más largos. Acudimos en seguida al amigo lisboeta, que nos hizo entender que las turbulencias venían del Belleza, una especie de casa-salón de baile que frecuentan los nostálgicos del Cabo Verde. Y a partir de ahí confundo las noches de esos días. Madrugadas comiendo en trastiendas de nostálgicos agitados, bailamos los primeros ritmos de la tektónica travestida e ingerimos cantidades de alcohol descomunales celebrando cada maldito instante de esa ruina urbana como si realmente fuera a derrumbarse todo.
Finalmente.
Hace unas semanas volví a sufrir los característicos temblores de un aterrizaje nocturno sobre esta ciudad. Agenda en mano me topé prematuramente con las circunstancias que me traían, tomé unos vinos de cortesía en un lobby decadentemente moderno y subí a mi insípida habitación de hotel para beber más vino y enfadarme en un solitario alcoholismo pueril porque no reconocía para nada la ciudad a la que siempre he querido volver para descubrir.
Finalmente. La segunda noche dejé la agenda atrás para comentar las misteriosas turbulencias de la TAP con este mismo amigo. No falló en sorprenderme con una oscura proyección de imágenes y una apresurada lectura a cinco voces de Eugénie de Franval. Estaba de nuevo en Lisboa.
Cuestas cinéfilas de cubos casi blancos y despedazados, ridículos trayectos en taxi de ida y vuelta, inyecciones de alcohol y de memorias de viajes y viajes, cortos y largos, no nos conocíamos tanto al fin y al cabo, alguna lágrima contenida y mucho Lisboa. Lo que sea que sea Lisboa. Y a partir de aquí se confunden las noches de esos días, nos agarramos a las masas de gente en el barrio alto entrando y saliendo de los bares como si fueran estadios de fútbol en plena fiebre de flippers. Entre las conversaciones siempre tan francófilas de los expertos, el tabaco local que lo ventila todo, los botones mágicos que no existen y los nostálgicos del Cabo Verde que siempre vuelven a sus mujeres, aunque sea a ciegas o por el reggea, qué sé yo. Gigante.
Hubiéramos seguido hasta el mar o tomado sopa verde si no fuera por las maletas, a las que uno se aferra para no dejarse llevar al lugar al que siempre ha querido ir finalmente.
Mis amigos enterados y escritores siempre hablan de lo bonito que es Lisboa, sus cafés y sus callejuelas, su tranvía y su Pessoa. Pero nunca he visto todo este mundo tan parado, inspirado y melancólico que describen. Tampoco lo he buscado, pues siempre he viajado a esta ciudad por circunstancias sin pensar en lo que me iba a encontrar más allá de mi agenda. Ni siquiera he leído a Pessoa.
Una noche llegué a Lisboa, donde me esperaba mi entonces pareja de viajes más largos. Acudimos en seguida al amigo lisboeta, que nos hizo entender que las turbulencias venían del Belleza, una especie de casa-salón de baile que frecuentan los nostálgicos del Cabo Verde. Y a partir de ahí confundo las noches de esos días. Madrugadas comiendo en trastiendas de nostálgicos agitados, bailamos los primeros ritmos de la tektónica travestida e ingerimos cantidades de alcohol descomunales celebrando cada maldito instante de esa ruina urbana como si realmente fuera a derrumbarse todo.
Finalmente.
Hace unas semanas volví a sufrir los característicos temblores de un aterrizaje nocturno sobre esta ciudad. Agenda en mano me topé prematuramente con las circunstancias que me traían, tomé unos vinos de cortesía en un lobby decadentemente moderno y subí a mi insípida habitación de hotel para beber más vino y enfadarme en un solitario alcoholismo pueril porque no reconocía para nada la ciudad a la que siempre he querido volver para descubrir.
Finalmente. La segunda noche dejé la agenda atrás para comentar las misteriosas turbulencias de la TAP con este mismo amigo. No falló en sorprenderme con una oscura proyección de imágenes y una apresurada lectura a cinco voces de Eugénie de Franval. Estaba de nuevo en Lisboa.
Cuestas cinéfilas de cubos casi blancos y despedazados, ridículos trayectos en taxi de ida y vuelta, inyecciones de alcohol y de memorias de viajes y viajes, cortos y largos, no nos conocíamos tanto al fin y al cabo, alguna lágrima contenida y mucho Lisboa. Lo que sea que sea Lisboa. Y a partir de aquí se confunden las noches de esos días, nos agarramos a las masas de gente en el barrio alto entrando y saliendo de los bares como si fueran estadios de fútbol en plena fiebre de flippers. Entre las conversaciones siempre tan francófilas de los expertos, el tabaco local que lo ventila todo, los botones mágicos que no existen y los nostálgicos del Cabo Verde que siempre vuelven a sus mujeres, aunque sea a ciegas o por el reggea, qué sé yo. Gigante.
Hubiéramos seguido hasta el mar o tomado sopa verde si no fuera por las maletas, a las que uno se aferra para no dejarse llevar al lugar al que siempre ha querido ir finalmente.
lunes, 1 de marzo de 2010
El otro día bajé a por cigarros al estanco y Laurence Weiner estaba comprando puros

Las circunstancias de este blog han cambiado. He dejado el bodypump, el bicing y el gazpacho. La vida es dura fuera del ring, sin las chos, pero la lucha continúa.
Nuevas pistas para estonoes: carretera, moscas, ninetofive, smv, que-me-devuelvan-mi-dinero, piñas, horowitz, leñadores, escaleras, el plata, lucky strikes, skype, flora, fauna y fuego, asap, radio, conservas, GI Joe, butano, apagón.
Lo habréis adivinado, y es que me he dejado los tacones en casa para repasar apuntes desde el más allá. Ahora creo en las palabras, en el día 10 y en el maxi % dia. estonoesloqueera
Nuevas pistas para estonoes: carretera, moscas, ninetofive, smv, que-me-devuelvan-mi-dinero, piñas, horowitz, leñadores, escaleras, el plata, lucky strikes, skype, flora, fauna y fuego, asap, radio, conservas, GI Joe, butano, apagón.
Lo habréis adivinado, y es que me he dejado los tacones en casa para repasar apuntes desde el más allá. Ahora creo en las palabras, en el día 10 y en el maxi % dia. estonoesloqueera
martes, 25 de agosto de 2009
DÍAS SIGUIENTES
La semana pasada hubo parón. El hecho es que volvió el rastreador de perímetros folclóricos de sus vacaciones a tope. Llegó con carrerilla y soltó una gorda, más que un hito, todo un llanto a una ciudad, fue tan grande el momento que tuve que parar todo porque no tenía ni por donde empezar. Pero ya está superado, voy a transcribir el grito aquí tal cual sin digestión previa y con toda la rabia del mundo.¡QUÉ SE QUEME EL UP & DOWN SI MIENTO!
Ya no recuerdo a santo de qué soltó tal barbaridad, si por el cumpleaños de Madonna (que cumplió 51 – qué fuerte) o algo así, el caso es que durante horas y siglos Up and Down se escribió, pronunció y utilizó de muchas maneras. Apandaun, ap i dów, Up & Dau, y hoy es un futuro gimnasio de cadena para los nietos de la supuesta gauche divine del Boccaccio.
En el despacho la historieta del mítico local nos costó una conversación con la cho numberone. La verdad es que se lanzó de lleno aprovechando que podía aportar experiencia. Y presumiendo de haber entrado alguna vez en el Àpa i Dau hizo repasón de los locales de su quinta que ya no son. La Oca de Francesc Maciá, el Piscolabis de Rambla Catalunya. Me la imagino bajando a Barcelona con sus amigotas desde su puto pueblo el sábado por la tarde para tomarse una copa de fruta exprimida en el Pisco y luego cenar en La Oca para ir acercándose al Àpa i Dau! donde nunca la dejaron entrar ni pagando con duros de su puto pueblo de esos que lleva doblados en el sostén. ¿Alguien se acuerda del Pokins’? ¿Era una hamburguesería rosa, verdad, con banquetas? De eso la chonumberone nada, que ahora mismo debe de estar en las fiestas de su puto pueblo, convenciendo a alguna amigota solterona para bajar a tomar un café al Sándor el sábado que viene, aunque sea para imaginar que se tira a algún Rodríguez de los de antes.
La verdad es que yo tampoco atravesé jamás la puerta del ups qué down. Una vez estuve a punto de entrar con unos amigos pero tuvimos que abandonar el proyecto porque los porteros empezaron a hacernos demasiados complementos sobre la presencia del negrata que nos acompañaba. Lo del nigga es una historia que se tendría que contar, otro día. Seguro que al final acabamos todos en el Pokins’ como cochinos.
En fin, que con lo de las vacaciones de las chos he recaído en el estupor. Por unos días he vivido bajo la amenaza de la interrupción del blog como terapia. Llegué incluso a pensar en chaparlo pero las chos se han encargado de rendirse homenajes en su ausencia. La cho2 me ha dejado un cúmulo indecente de brownies que no le dio la puta gana solucionar antes. Me han llamado desesperados transportistas y clientes que parece ser llevaban semanas reclamando y esperando documentación y respuestas varias. Gracias cho2! La cho number-one, que por algo es la número uno, en el último momento me ha puesto en copia de un regimiento de mails auto exculpándose de ser una cho. Detalladamente me explica en uno de esos mails que me ha dejado lo que ella describe como y escribe tal cual: un “catúful” pero que por suerte sólo hay uno (esto también me lo pone, para rematar), tres “temas” pendientes y una “carpeta marrón”. Esto último es nuevo. Creo que se refiere a una carpeta negra porque marrón no he visto nunca ninguna pero es delicado lo de las carpetas negras y el lapsus le sirve de algo. Vivo en el terror, como dice el otro.
Los días siguen siendo largos, las agujetas perennes y el aire está a toda ostia. Vivo bajo la amenaza del retorno de la jefa la semana que viene pero aprovecho la tranquilidad de los últimos días de agosto para recopilar los Best of del año. En el top ten está el día en el que mi jefa me enseñó a utilizar la Dymo.
Mañana más.
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